Es curioso que la votación más cabal del Congreso en un lustro (el rechazo a la reducción de la jornada laboral por obra de la pura lógica izquierda contra derecha, como si fuéramos un país normal) se considere la más contraria a la voluntad popular. Se dice que la propuesta ya ha triunfado “en la calle” y fue tumbada por la política “destructiva” de la oposición. Aunque admir...
o el compromiso social de Yolanda Díaz y no comparto la visión ideológica de la oposición, esta es, en buena lid, la mayoritaria en la cámara, que es donde reside la soberanía popular.
Y no en la calle. A pesar de lo que se nos repite a ambos lados de los Pirineos, y solo hace falta ver los disturbios con 470 detenidos por las protestas del “Bloqueemos todo” en Francia. La calle no puede imponer su ley al Legislativo. En la política española actual hay demasiados ecos de la francesa, que hace tiempo que ha dejado de ser una inspiración. Y el afrancesamiento más preocupante no es la permeabilidad de la política a los movimientos sociales, que es legítimo siempre que no se recurra a la violencia —aunque recientemente demasiadas manifestaciones degeneran en disturbios, lo cual es inaceptable incluso cuando sea por los fines más nobles, como detener la masacre en Gaza—.






