Cinco años después de asaltar y conquistar el planeta de la pértiga con 6,17 metros, su primer récord del mundo, Armand Mondo Duplantis, de 25 años aún, lo transportó a donde nadie pensaba que podría llegar nunca, 6,30 metros, la barrera del más allá.

Lo hizo en Tokio, entre risas y chistes con sus rivales, que son sus colegas de la pértiga, una troupe que la goza en un rincón del estadio salpicado por el agua de la ría de los obstáculos y el sudor de los condenados a dar vueltas a su noria, y a llorar como El Bakkali, amargamente al caer derrotado por un neozelandés all black llamado Geordie Beamish que recuerda, bravo y audaz, a Johnny Walker. Noche cerrada y tórrida, el sudor brota hasta de las cejas, noche de oooohhhs y uuuuys de un público entregado en las gradas del Estadio Nacional.

Un récord que no se ha disparado

Desde 1985 el récord del mundo de salto de pértiga ha aumentado 30 cm. Una de las razones es que no ha habido la innovación tecnológica que se ha visto en otras disciplinas

En 1960 Davies consigue el primer récord con pértiga de fibra de vidrio