León XIV ha designado este lunes como nuncio en España y Andorra, figura equivalente a un embajador de la Santa Sede, al italiano Piero Pioppo. De 64 años y perfil muy conservador, era el nombre que circulaba desde hace tiempo ―la revista religiosa Vida Nueva lo adelantó en julio― y ya había sido decidido por el papa Francisco días antes de su fallecimiento, el pasado mes de abril.
El hecho de que su nombramiento se produjera en un momento de grave estado de salud del papa argentino ha alimentado la tesis de que se trató de un gol in extremis del sector conservador de la Curia. Porque, según fuentes vaticanas, no gozaba del favor de Francisco. El anuncio del traslado del anterior nuncio en España, el filipino Bernardito Auza, fue el pasado 22 de marzo, enviado a Bruselas como representante del Vaticano ante la UE, y Jorge Mario Bergoglio falleció el 21 de abril. Que luego hayan pasado casi seis meses para confirmarlo no ha hecho más que aumentar la impresión de que era una decisión con problemas, pese a que haya influido el parón en la maquinaria vaticana por el cambio de papa. Es más, este verano algunos medios digitales conservadores, en España e Italia, han llegado a publicar que había un veto del Gobierno español. León XIV se ha limitado finalmente a ratificar la decisión.






