El maratón se sufre en el asfalto de las calles desiertas del centro de Tokio un domingo al amanecer y, abrumado por el calor y la humedad, se suda solo con respirar, se decide al sprint en los últimos 100 metros del tartán del Estadio Nacional, donde la keniana Peres Jepchirchir (2h 24m 43s) machaca las ilusiones de la gran Tigst Assefa (2h 24m 45s) como hace un año también le negó la gloria Sifan Hassan a la sombra de la cúpula dorada de los Inválidos en París olímpico. Completando las contradicciones de la prueba mundial de los 42,195 kilómetros, la tercera plaza, el bronce, la consigue minutos después en el mismo anillo sintético Julia Paternain (2h 27m 23s), de nacionalidad y camiseta celeste uruguaya solo desde enero pasado, nacida en León (México) hace 25 años, criada en Londres y educada en la Universidad de Arkansas (Estados Unidos). En la segunda maratón de su vida, tres meses después de debutar ganando la de Congers, en Nueva York, Paternain, hincha de Nacional a la que no le gusta el mate, consigue la primera medalla parar el atletismo uruguayo en la historia de los campeonatos mundiales.
La primera española fue la extremeña de Pasarón de la Vera Laura Luengo, undécima, con 2h 30m 55s. Más retrasada, en el puesto 24º, llegó Fátima Azzahraa Ouhaddou (2h 35m 5s).









