Sola entre todos compite María Pérez, que acelera entre hombres y mujeres, pone el piloto automático feliz y se olvida del mundo marchando potente y rítmica, casi con una sonrisa en la boca empapada por la humedad de Tokio recién amanecido.
Va más rápida que ninguna y hasta se divierte acosando con su ritmo durante un par de vueltas al brasileño Caio Bonfim, el segundo clasificado entre los hombres. Ventajas del 35, que se disputa en pelotón mixto, lo que permite relativizar la diferencia entre sexos. El ganador entre los hombres, el canadiense Evan Dunfee, ha empleado 2h 28m 29s en cubrir la distancia, a un ritmo de 4m 15s el kilómetro, mientras que la granadina de Orce consigue su tercer título Mundial dos años después de los dos de Budapest tardando poco de 10 minutos más (2h 39m 1s, a 4m 32s el kilómetro), un crono que le habría hecho terminar la 21ª en la clasificación masculina, lo que a ella no le importa. “Y también desdoblé a dos nipones, ¿eh?”, dice. “Pero cuando compito no pienso en ellos. Solo pienso en llegar. “Voy siempre a mi bola, pero siempre pienso que no hay nadie mejor que yo, ¿no?”, dice. “Y no me importa decirlo antes, como hoy, que una ha dicho, quizás no participe tal, y yo le digo, me da igual, os voy a ganar a todas”.















