Tras la apertura de juicio oral contra Álvaro García Ortiz acordada esta semana por el magistrado del Tribunal Supremo Ángel Hurtado, el fiscal general del Estado se enfrenta a una acusación formal por un delito de revelación de secretos vinculado al empresario Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Por primera vez en la reciente etapa democrática, un fiscal gener...

al del Estado se sentará en el banquillo de los acusados. A esta situación insólita se ha llegado tras casi un año de investigación en la que la actuación del instructor ha estado marcada por una sucesión de decisiones insólitas que han sido cuestionadas a lo largo de los meses por múltiples juristas y expertos.

El despacho del fiscal se registró menos de dos horas después de que se le requiriera para nombrar abogado. Nada más iniciarse la instrucción, el juez ordenó a los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que entrasen en el despacho de García Ortiz e interviniesen todos sus dispositivos informáticos y telemáticos. El abogado de González Amador había pedido que se intervinieran las comunicaciones del fiscal general, pero la orden de entrada y registro firmada por el juez superó las expectativas de la pareja de Ayuso. Su abogado solo había reclamado el cruce de correos entre García Ortiz y la fiscal jefe provincial de Madrid entre el 5 y el 18 de marzo de 2024, y aquellos mensajes que incluyeran expresamente el texto del correo cuya filtración se investiga (la admisión de dos delitos fiscales por parte de González Amador), pero la orden del juez fue que la UCO se hiciera con el control total de todos los dispositivos del fiscal general para “extraer la mayor información posible”. El registro, que se prolongó durante 11 horas, fue ordenado por el juez cuando hacía menos de dos horas que había requerido al fiscal general para que nombrara a un abogado que le representaran en la causa, por lo que esta designación todavía no se había producido. El fiscal recurrió el registro, pero la Sala de Apelación lo avaló.