Las tensiones en el Caribe por la vigilancia militar estadounidense vuelven a acrecentarse. Nueve pescadores venezolanos navegaban a 48 millas al noreste de La Blanquilla cuando fueron asaltados por el destructor de la Armada de Estados Unidos Jason Dunham (DDG 109), dotado de misiles de crucero, que hace semanas permanece en la frontera marítima de Venezuela, como parte de un despliegue especial en la lucha contra el narcotráfico. La Cancillería ha denunciado el incidente ocurrido el viernes como una “provocación” que busca “una escalada bélica” en el Caribe con el objetivo de forzar un “cambio de régimen en Venezuela”.
El chavismo ha difundido un comunicado este sábado en el que señala que el buque venezolano llamado Carmen Rosa cumplía una faena autorizada de pesca de atún dentro de la Zona Económica Exclusiva (un lugar en el que un país soberano tiene potestad sobre la explotación de los recursos naturales), cuando fue asaltado “de manera ilegal y hostil” por 18 efectivos de la Armada con armas largas. Según la versión del Gobierno de Nicolás Maduro, durante ocho horas los militares estadounidenses ocuparon la embarcación e impidieron que los tripulantes se comunicaran, “en una operación que carece de toda proporcionalidad estratégica y que constituye una provocación directa a través del uso ilegal de medios militares”.












