“Espero que estemos cerrando siglos de atraso marcados por el golpismo”, afirmó solemne la jueza Carmen Lúcia Antunes Rocha, la única mujer del Supremo de Brasil, al anunciar su voto, el decisivo, el que condenó a Jair Messias Bolsonaro, el jueves, por liderar una conspiración para dar un golpe de Estado. Un rato después de clausurada la histórica sesión en el Tribunal Supremo, una mult...

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itud se reunía en el bar Pardim, tradicional punto de encuentro de la izquierda en Brasilia, para “celebrar la prisión de los golpistas” en ambiente de carnaval aprovechando la cálida noche capitalina. Mientras el Gobierno elogia la histórica decisión judicial con el anhelo de que sirva de antídoto frente a quien sueñe con aventuras golpistas, los gobernadores de la derecha se apresuraron a criticar la condena y arropar a Bolsonaro. Su permanencia como líder de la derecha es una de las incógnitas ahora. Los bolsonaristas han limitado sus protestas al mundo virtual, sin saltar a la calle.

La ministra Gleisi Hoffmann, del Partido de los Trabajadores, destacó la relevancia de la condena: “Se trata de una decisión histórica y sin precedentes, que garantiza que nunca más se atrevan a socavar el Estado de derecho y la voluntad popular expresada en las urnas”.