Si algo caracteriza al valle de Benasque, también llamado el Valle Escondido, son sus miles de kilómetros para recorrer entre sus barrancos y montañas. Acompañados de ríos y bosques, llegamos a ibones, refugios, cascadas y picos. Pero también encontramos pequeños pueblos de piedra y teja con iglesias románicas que van salpicando este valle.

Esta es la ruta ideal para comenzar a conocer el valle de Benasque. En el sendero botánico de las Gorgas de Alba, de pocos kilómetros y sin apenas desnivel, tenemos un buen ejemplo de la flora del valle, abetos, avellanos, tejos, hayas, acebos, serbales, frambuesos o fresas, que nos acompañan durante todo el camino, con algunos carteles informativos contando sus características.

Así se aprende que la gayuba, también llamada uva del oso, es un arbusto que ayuda a la sujeción de las tierras sueltas, que sus frutos son una fuente de alimentación para los animales de alta montaña y sus hojas en infusión ayudan a calmar las dolencias del aparato urinario. O que las varas del arbusto de la Betalaína se utilizan para manejar al ganado, ya que este tipo de madera no hiere. Así, mientras recorremos el sendero, vamos aprendiendo a diferenciar algunos árboles y arbustos, casi siempre acompañados del río Ésera. A mitad de camino, nos topamos con impresionantes Gorgas del Alba, cascadas donde poder darse un baño si el tiempo lo permite.