Cuando Yolanda Díaz empezó a lanzar desde la tribuna sus ataques directos a Junts, un grupo al que acusó de “defender los intereses de los sectores más reaccionarios de la patronal española” y de los empresarios “que se están forrando” en vez de los de los votantes independentistas que son trabajadores y se verían beneficiados por la reducción de la jornada laboral, en alguno...

s despachos del Gobierno empezaron a saltar muchas alarmas. No tanto en la mayoría de la bancada socialista presente en el Hemiciclo —estaban los diputados, pero no los ministros del PSOE, con la excepción de Félix Bolaños— que aplaudía a Díaz casi con el mismo entusiasmo que la de Sumar, porque hizo un discurso muy ideológico que muchos comparten y le dio un toque a los independentistas que algunos ansiaban. Pero sí entre la cúpula del Ejecutivo, sobre todo la que tiene que negociar con los independentistas cada paso en el Congreso.

Cuando algunos diputados vieron que la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, no paraba de tomar notas y consultar con varios diputados su respuesta, además de mirar constantemente el móvil —suele estar en contacto permanente con Carles Puigdemont— algunos en el Gobierno se temieron lo peor. Estaba hablado de antes entre los dos grupos que esta cuestión de la reducción de la jornada laboral no entorpecería en las demás negociaciones en marcha. Pero nadie puede estar seguro con Junts y Díaz jugó muy fuerte, aunque ella también ha hablado mucho con Puigdemont y conoce los límites.