El Real Madrid de Pau Quesada salvó este jueves en Alemania una prueba de fuego tras el mal inicio liguero que lo sitúa ya a cinco puntos del Barça, el dominador absoluto de las competiciones nacionales desde hace un lustro, tras sumar un empate y una derrota. Ante el Eintracht Frankfurt, el 22º del ranking UEFA —las blancas son novenas—, el equipo de Chamartín se llevó un pequeño botín (1-2) que le da una pizca de oxígeno para el jueves de la próxima semana, cuando disputará ante las germanas la vuelta de la última ronda previa de la Champions. Si el Real certifica en siete días su ligera superioridad en la eliminatoria en el Alfredo di Stéfano, el club estará por quinta vez en su breve historia en la Liga de Campeones, que estrenará un formato de liguilla similar al que se utiliza desde la temporada pasada en la competición masculina.

El Madrid aterrizó en Alemania con la sensación de que no tenía margen de error tras el inicio dubitativo del proyecto de Quesada, sin experiencia en el fútbol femenino hasta que este verano sustituyó en el banquillo a Alberto Toril, que llevaba casi cuatro años en el puesto. El preparador valenciano, formado en la cantera del club blanco, ejerció el curso pasado como técnico asistente del Torino en la Serie A. La clasificación para la ronda final de la Champions está marcada como un objetivo indispensable en los planes de la entidad, que superó las cuatro previas en sus cuatro participaciones anteriores en el torneo.