En teoría, era un día muy difícil para el Gobierno. El fiscal general fue enviado a juicio el martes y, el miércoles, estaba prevista una derrota muy importante con la reducción de la jornada laboral, además de una

="https://elpais.com/espana/2025-09-10/begona-gomez-acude-a-declarar-ante-el-juez-peinado-con-una-gran-expectacion-mediatica.html" data-link-track-dtm="">nueva declaración ante el juez Peinado de la esposa del presidente, Begoña Gómez, por un nuevo delito. Pero desde primera hora de la mañana, con el arranque oficial del curso parlamentario con la primera sesión de control, ya se vio que el Gobierno ha cambiado de estrategia para esta nueva temporada y ha decidido salir a la ofensiva. Ante la catarata de acusaciones del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, Sánchez decidió entrar al contrataque y presionar al PP por sus problemas con Vox, que le está robando cada vez más espacio y, sobre todo, por su posición ambigua sobre un asunto que el Ejecutivo ha decidido convertir en una cuestión básica de la política española: la masacre en Gaza.

Sánchez ha llegado más lejos que ningún otro líder europeo y ha hablado abiertamente de genocidio. El PP tiene dudas con este asunto, y en este partido conviven posiciones como la de la presidenta de Extremadura, María Guardiola, que dice que el PP no puede “permanecer indiferente” ante “la barbarie y el horror que se está viviendo en Gaza”, y la de Isabel Díaz Ayuso, que plantea: “Tú dile a Israel que no, que con un paquete de flores vaya a negociar con Hamás”, o José Luis Martínez Almeida que insiste que en Gaza “no hay un genocidio”. Sánchez y el resto del Gobierno, en especial José Manuel Albares, ministro de Exteriores, se han lanzado a presionar a la derecha con la idea de que lo de Gaza es “un genocidio”.