“He salido un momento del teatro para fumar y ha tenido que venir a escoltarme la policía”. Habla el coreógrafo y bailarín Sharon Fridman al otro lado del teléfono. En el momento de esta conversación, a mediados de agosto, se encuentra en Corea del Sur presentando su trabajo. “Hay un grupo de manifestantes a la puerta del teatro, protestando porque estoy programado. No saben que estoy en contra de la política de Israel. Y como yo, tantos artistas de mi país que están siendo cancelados”, continúa....
Afincado en España desde hace veinte años, Fridman confiesa estar viviendo el peor momento profesional de toda su trayectoria. “No quieren contratarme por ser israelí. Algunos programadores te lo dicen abiertamente, que mejor esperamos un tiempo; otros no, pero tampoco hace falta”, añade. “Sientes que tienes que justificarte todo el rato. Por un lado, en Israel luchas contra la guerra, voy a Tel Aviv cada dos meses a ver a mi madre y aprovecho para manifestarme. Fuera de Israel te miran y tratan como si fueras el mismísimo Netanyahu y sientes miedo”. Cuenta Fridman que hace unos meses se posicionó en contra del Gobierno israelí y la ocupación de Gaza en su cuenta de Instagram y recibió comentarios horribles. ¿Habló abiertamente de genocidio? “No. Cualquier persona israelí que use esa palabra está en peligro de morir”, asegura.








