Se abrieron las cortinas y salió Nacho Cano vestido de verde camuflaje, puro despeine y con un libro en la mano. Mejor que en brazos estuvo. Y está bien que así sea porque no va uno a El Hormiguero a pasar apuros, sino a hacer terapia, a divertirse y si quieres ustedes preguntas incisivas y repreguntas aquí no es. Se sentó y la que escribe recordó las decenas de veces que ha cantado Vivimos siempre juntos y aquel concierto de Mecano en las fiestas de San Lorenzo de El Escorial muchísimo antes de Cristo y de X antes Twitter. Pero vamos a lo que ocurrió, no blandeemos a la primera.
Cano es un tipo listísimo que tuvo todo el tiempo del mundo y en prime time—regalazo— para explicar lo que ha pasado con él y que acabó con su caso archivado por un posible delito contra los derechos de los trabajadores extranjeros y favorecimiento de la inmigración ilegal.
Narró la trama de forma hipnótica, perfectamente pautada y en exquisito orden cronológico, con nombres propios como “Isabel Ayuso”, Sánchez, Marlaska y Óscar Puente, Begoña Gómez, que es el comodín de todos los públicos. También mencionó a unos cuantos policías y a una jueza con sus nombres y apellidos, a los que puso a caer de un burro, pero no caigamos en la tentación de decir que el señor de los teclados de Mecano critica a los jueces y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado porque sería profundamente injusto, solo son algunas ovejas negras y lo intolerable es lo que hacen otras personas citadas en este mismo párrafo. Mencionó a EL PAÍS y la Cadena Ser como núcleos irradiadores de las desgracias y acusaciones hacia su persona. Dijo que la mujer que acusó primero estaba “como una regadera”.






