Todos sabemos ya cómo se deshace Pablo Motos cuando viene un invitado extranjero, más en concreto de Hollywood. Suele ser una incómoda visión. Motos parece el dueño de un humilde chiringuito al que hubiera entrado, de repente, un torero. Venga mantel bueno, venga una ronda gratis de sangría de la casa. Y esos calamares a la romana, ponles bien de limón. Esto sólo sucede, claro, si el invitado es hombre. Si es mujer, sufrimos la ya clásica violenta oleada de vergüenza ajena con las galanterías de Motos.
Pero Bill Murray es un hombre (por cierto, ¿a señoras mayores lleva alguna vez?). Y, al ser Pablo Motos de esa generación que empezó con el stand up comedy, es también un fan del Saturday Night Live. Tanto él como la gente que está en el equipo de guion, es de suponer, porque hubo en el programa algunas preguntas de las que se hacen en las entrevistas cuando uno se ha molestado un poco en mirar su trabajo.
¿Cómo se conocieron @jancello y Bill Murray? #BillMurrayEH pic.twitter.com/T5TCkvxtIf
Por desgracia, en seguida se centró en lo de siempre: anécdotas sin enjundia, miscelánea de la wikipedia, y mucho peloteo del equipo a Motos. Bill Murray confirma (que no cuenta) que empezó a hacer comedia para hacer reír a su padre (él era el quinto hermano de nueve), y las hormigas, sin perder ripio, dicen: “a nosotros nos pasa lo mismo contigo, Pablo”. Motos sonríe, suave. Cómo no iba a estar suave si Bill Murray estaba inusualmente tranquilo (y esta mañana, por cierto, leo que no ha ido a la rueda de prensa que tenía programada), teniendo en cuenta la fama del actor.






