La ola ultraderechista que recorre Europa llegó este lunes con mucha fuerza a Noruega. El Partido del Progreso, una formación populista y xenófoba, obtuvo en las elecciones parlamentarias del país escandinavo el mejor resultado de su historia, superando holgadamente a los conservadores, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país y quedándose a solo tres escaños de hacerse con...

las llaves del Gobierno. Los representantes de ese partido, llamados progresistas, cosecharon prácticamente una cuarta parte de los votos (23,9%), más del doble que hace cuatro años, y pasarán de los 21 diputados actuales a 48.

La ultraderecha irrumpió en Noruega mucho antes que en la mayoría de países europeos. En 1973 obtuvo sus primeros cuatro escaños; en 2005 superó por primera vez la barrera del 20% de los votos, y entre 2013 y 2020 formó parte de gobiernos de coalición liderados por los conservadores. Las elecciones de este lunes han sido las cuartas en las que el Partido del Progreso se ha alzado hasta la segunda posición —y la primera en el bloque de la derecha—, pero en todas ellas los laboristas fueron los vencedores y la extrema derecha quedó relegada a la oposición. Aun así, los últimos comicios suponen un punto de inflexión para los ultras noruegos: han puesto fin a más de un decenio de declive con un ascenso meteórico y se han quedado más cerca que nunca de poder liderar una coalición de gobierno.