A todos nos ha pasado en más de una ocasión: en mitad de la noche nos hemos despertado para ir al baño o la cocina a beber un vaso de agua y, por no molestar al resto de la casa, sobre todo si tienen el sueño ligero, hemos ido a tientas.

Para no vernos obligados a encender la luz podemos probar a utilizar las llamadas luces nocturnas con sensor. Se trata de un accesorio que suele ir enchufado a la toma eléctrica, aunque también puede funcionar con pilas o batería, y encienden la luz que integra en el instante en que detecta movimiento. Pero no es el único uso que se le puede dar, ya que algunos de estos modelos se pueden emplear también como una luz nocturna infantil o quitamiedos y que las familias suelen dejar toda la noche gracias a su bajo consumo energético.

Las pruebas que hemos realizado con estos cuatro modelos han resultado muy sencillas, sobre todo porque su puesta en marcha y uso también lo han sido. Así, a lo largo de varios días, hemos utilizado cada una de ellas en distintas estancias de la casa y en sus diferentes modos para comprobar si desempeñan correctamente su función, si el sensor se activa cuando lo tiene que hacer, cómo es la iluminación proporcionada… Después de probarlas durante un par de semanas, las principales características que buscaría en una luz de este tipo serían las siguientes: