Aunque no todos los hogares se pueden permitir la instalación de sistemas domóticos avanzados, existen distintos dispositivos más sencillos y económicos que son de gran utilidad a la hora de automatizar cierto tipo de tareas. Es el caso de los sensores de movimiento que, gracias a la tecnología que incorporan, y como indica su propio nombre, se activan cuando detectan presencia dentro del espacio donde se han instalado.

Una de sus posibles aplicaciones son los sensores de movimiento para luces. Lo que hacen es que cuando entramos en una habitación que no está iluminada la luz se encenderá automáticamente y se apagará de igual modo al irnos; integran, para ello, un ajuste de tiempo. Así, además de ahorrar energía, ayudan a que el consumo de electricidad se reduzca (y con ello la factura a pagar) sobre todo si nos despistamos con facilidad y olvidamos apagar el interruptor cuando ya no nos hace falta.

Para probar si realmente estos sensores de movimiento ayudan a ahorrar en la factura de la luz y evitar dejar ciertas luces encendidas por olvido, a lo largo de varias semanas he ido probando estos cuatro sensores de movimiento para luz en distintos lugares de una vivienda de 90 metros cuadrados, con dos terrazas exteriores. Esto me ha permitido comprobar cómo resulta el proceso para su puesta en marcha, su funcionamiento, su rendimiento, si los ajustes de iluminación son sencillos de llevar a cabo, su alcance o cómo se comporta el ángulo de apertura que integran. Así y, para sacarles el máximo partido, tuve en cuenta las siguientes características: