Donald Trump carece de complejos. Alguien capaz de afirmar que no perdería votos si cometiese un asesinato en plena Quinta Avenida tampoco iba a arredrarse por una cuestión eufemística. Por eso anunció el 5 de septiembre el propósito de que su “Departamento de Defensa”
al/2025-09-04/departamento-de-guerra-no-de-defensa-trump-ordena-cambiar-de-nombre-al-pentagono.html" data-link-track-dtm="">se llame ahora “Departamento de la Guerra”.
Bueno, tampoco el “Departamento de Defensa” se había mostrado muy pacífico. Con ese nombre (que en 1949 reemplazó a “Establecimiento Nacional Militar”), Estados Unidos ya emprendió muchas invasiones. Entre las últimas, la de Granada, en las Antillas (1983), la de Panamá (1989, en la que soldados estadounidenses mataron al fotógrafo Juantxu Rodríguez, que trabajaba para EL PAÍS), la primera Guerra del Golfo (1990-1991, a fin de liberar a Kuwait de la invasión iraquí), la ocupación de Irak (2003-2011, en la que sus militares asesinaron al camarógrafo español José Couso, enviado para Tele 5)… Incluso, aunque con otros matices, la guerra de Vietnam (1955-1975). Y la de Afganistán, a cargo de las tropas norteamericanas y sus aliados (2001-2021).
Muchas guerras de Estados Unidos no han sido acciones defensivas sino ofensivas, porque su territorio no había sufrido una previa agresión militar de la que tuviera que protegerse (si bien cabría un margen para alegar lo contrario en el caso de Afganistán, por los atentados precedentes contra las Torres Gemelas y el Pentágono).













