Eran los albores de la Guerra Fría y reverberaba aún el estallido de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. En 1949, el presidente Harry Truman cambió el nombre a la institución a cargo de las Fuerzas Armadas estadounidenses: el hasta entonces Departamento de Guerra pasaría a llamarse Departamento de Defensa. El cambio trataba de transmitir el mensaje de que Estados Unidos no era una potencia agresiva, en un mundo en convulsión. Este viernes, el presidente Donald Trump ha autorizado recuperar el apelativo antiguo. El Pentágono podrá volver a denominarse Departamento de Guerra.

Con la orden ejecutiva que permite el cambio de nombre, Trump aspira a consolidar la imagen más agresiva y poderosa de las Fuerzas Armadas estadounidenses que trata de transmitir al resto del mundo. La que quiere enviar con gestos como el ataque del pasado miércoles en aguas internacionales contra una lancha venezolana, supuestamente cargada de droga, en el que murieron las 11 personas a bordo, en un paso de más que dudosa legalidad según los expertos. O con el ataque en junio pasado contra las instalaciones del programa nuclear en Irán, que Trump se vanagloria de haber destruido por completo pese a que diferentes evaluaciones solo apuntan a que los objetivos sufrieron daños importantes.