La guerra comercial drenó el crecimiento económico durante el segundo trimestre del año en Europa, que apenas creció un lánguido 0,1% en la zona euro y un 0,2% en el conjunto de la UE, según los datos confirmados por Eurostat este viernes. El desafío comercial lanzado por el presidente de EE UU, Donald Trump, al comienzo de su mandato lo estimuló, porque las empresas estadounidenses aceleraron compras. Pero una vez estallaron las hostilidades, las tarifas comerciales se convirtieron en un lastre. Y a esto hay que añadir entre abril y junio la inversión también restó fuerza a la actividad económica, lo que ha acabado devolviendo a Europa al estancamiento que arrastra desde que Rusia invadió Ucrania, un estancamiento del que pocos escapan, entre ellos España, que ha crecido un 0,7% en este último trimestre.
La inversión lastró más la actividad que el sector exterior: una restó cuatro décimas y el otro (el saldo entre importaciones y exportaciones) dos décimas. Esto demuestra que la incertidumbre desatada en todo el mundo por la caótica política económica puesta en marcha por el presidente, Donald Trump, y su confuso manejo de las negociaciones arancelarias han empeorado las expectativas, también en Europa. Al fin y al cabo, los empresarios invierten cuando ven que las expectativas de futuro son buenas, previsibles y sólidas. Y sobre todo esto último, la previsibilidad y la solidez, es algo que no se encuentra en los cambios bruscos de guion que emanan de la Casa Blanca desde enero.






