El viaje a una Romareda mundial
Ya se fueron las excavadoras que desmantelaron el viejo estadio. Las despedidas suelen aflorar recuerdos, sentimientos; el fútbol también es eso. Y, a la espera de que La Nueva Romareda lata flamante en su lugar en 2027 —arquitectura de vanguardia en tecnología y eficiencia para un estadio que será sede del Mundial 2030—, Zaragoza tiene otro motivo de orgullo. Porque las transiciones también pueden escribirse con audacia e innovación. El campo modular en el que jugará el equipo durante estas dos temporadas, el Ibercaja Estadio, se ha convertido en un caso de estudio: más de 20.000 localidades, pionero absoluto en su tipología en España. Un hogar provisional construido en tan solo cinco meses que, además de poder reciclarse por completo, permite a los hinchas seguir viviendo el fútbol sin añorar la atmósfera de ese campo al que dijeron (de momento) adiós.
El valor de lo efímero. Porque con la decisión de mudarse a este recinto desmontable ha agilizado las obras del nuevo estadio y ajustado sus costes. De todos modos, Natalia Chueca, alcaldesa de Zaragoza, del PP, reconoce que alcanzar esta determinación no fue sencillo: “Se llegó a valorar que el Real Zaragoza siguiera jugando en La Romareda mientras se hacían demoliciones parciales y se levantaban nuevas tribunas. Pero era un proyecto más largo y lleno de incomodidades para la ciudad y la afición”. La apuesta por un coliseo modular de este aforo significaba arriesgar, dice, porque no existían antecedentes. Pero siente que han acertado de pleno: “Si solo pisas sobre tierra firme, nunca se dan pasos nuevos… Cuando uno entra, descubre que es un estadio real, con vestuarios mejores incluso que los de la vieja Romareda”, añade Chueca.






