Carlos Alcaraz y Novak Djokovic nos aseguraron, con sus respectivas victorias en los cuartos de final, un muy atractivo duelo en una de las dos semifinales de este viernes. El jugador español se deshizo del checo Jiri Lehecka en algo menos de dos horas con un marcador final (6-4, 6-2 y 6-4) que dejó muy patente la distancia entre ambos contendientes, siguiendo así la tónica mostrada durante todo el torneo,

Carlos volvió a demostrar que, a día de hoy y prácticamente para casi todos los rivales, es casi imposible de batir. Ha llegado, de hecho, a esta penúltima ronda sin haber cedido ni un solo set y sin que ninguno de ellos haya logrado inquietarle lo más mínimo. En estos diez días de competición, el murciano ha añadido a la brillantez a la que nos tiene acostumbrados, la solidez que le ha faltado en otras ocasiones. Desde mi punto de vista, él es el más firme candidato a levantar el trofeo que lo acredite como ganador de este US Open el próximo domingo, cuando disfrutemos de la final.

Por la otra parte, Djokovic ha atestiguado una vez más por qué es el tenista más laureado de la historia. En un muy buen partido y tras cuatro intensas mangas consiguió derrotar nada menos que al cuarto jugador del mundo, el muy potente Taylor Fritz. Lo que está haciendo este año el balcánico tiene un enorme mérito. Su fiabilidad en estos grandes eventos ha quedado totalmente constatada.