Los tratamientos de bótox y ácido hialurónico que se ofertaban como “los más baratos” corrían el riesgo de estar en malas condiciones y de ser aplicados por una persona que no tenía formación para administrarlos. La Policía Nacional ha desmantelado en la localidad madrileña de Coslada (80.760 habitantes) una peluquería que hacía las veces de centro estético y realizaba este tipo de terapias antienvejecimiento a una gran cantidad de clientes. La propietaria, una mujer de unos 40 años sin la capacitación médica correspondiente, ha sido detenida por delitos de intrusismo profesional y contra la salud pública. En los registros del local se encontraron numerosos medicamentos caducados y almacenados sin guardar las medidas de seguridad necesarias, como la refrigeración.

La toxina botulínica, conocida por el nombre comercial bótox, se usa médicamente en pequeñas dosis para relajar los músculos y evitar las arrugas, mientras que el ácido hialurónico se utiliza para hidratar y rellenar la piel. Los precios en clínicas legalmente establecidas rondan los 300-350 euros, según fuentes consultadas. Las ofertas difundidas por el negocio desarticulado por los agentes iban de los 230 a los 240 euros. “Presumían de ser los más baratos del mercado”, indican fuentes policiales que han tenido acceso a los anuncios con los que publicitaban sus servicios en redes sociales como Tik Tok, Facebook o Instagram. “Lo barato puede salir caro”, resume Juan José Castro, jefe de la sección de Consumo, Medio Ambiente y Dopaje de la Comisaría General de Policía Judicial. Aunque de momento no tienen denuncias de víctimas dañadas por algún tipo de tratamiento, el inspector jefe incide en que el éxito de esta operación radica en su carácter preventivo.