“Entonces tenía pelo”, ríe el seleccionador griego, Vassilis Spanoulis, al recordar el último título que ganó su selección, el Eurobasket de 2005. Spanoulis ejercía de director de orquesta y aquel torneo fue el único en el que España no subió al podio continental desde 1999 hasta hoy. Han pasado 20 años, la racha española está en el alambre, Spanoulis no necesita peine y Grecia busca reverdecer el laurel. En esa misión anda Giannis Antetokounmpo, el colosal pívot que luce un anillo de campeón de la NBA y el diploma de MVP de las finales (2021), pero que con 30 años nunca se ha colgado una medalla con el combinado nacional. Esa deuda interior mueve los pasos del gigante con el que este jueves se topa España y que no olvida su dura infancia en Atenas como vendedor ambulante: “Siempre llevaré eso conmigo”.
El pívot de los Bucks es el gran dios heleno. Y no solo como el mejor solista del campeonato junto a Luka Doncic y Nicola Jokic, sino en el papel de jefe del vestuario, un liderazgo que ha asumido definitivamente dentro y fuera de la pista. En la cancha es imparable cerca del aro, un muro de 2,11m en defensa y un tanque en ataque que promedia 29 puntos y 7,5 rebotes por partido después de dos encuentros disputados (no jugó ante Chipre por descanso y frente a Bosnia por unas molestias en una rodilla). Y pese a que flojea en el tiro de media y larga distancia: en el torneo solo ha tirado un triple, que encestó, y su porcentaje de acierto en la NBA desde el perímetro es del 28%.






