“Vivimos con el temor de que, si nos tomamos un día libre, nos sustituya otra persona. Hay otras trabajadoras domésticas que están dispuestas a cobrar menos. Incluso cuando estamos enfermas, nuestros jefes nos piden que vayamos a trabajar y que descansemos después”, dice Sangeeta M., una empleada doméstica de 30 años, que vive en la ciudad de Bangalore, en el Estado meridional de Karnataka, India.

Sangeeta es una más de los millones de personas que componen la mano de obra doméstica de la India y para quienes la inseguridad laboral, la vulnerabilidad a los malos tratos, la explotación y el acoso sexual, los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo son una realidad cotidiana.

La lucha por sus derechos ha sido una odisea de años con pocos resultados. A la fecha, por ejemplo ni siquiera hay datos exactos ni actualizados de cuántas personas se emplean en este sector. El Gobierno calculaba que había alrededor de cuatro millones en 2012 y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hablaba en 2010 de entre 20 y 80 millones. El portal oficial para los trabajadores no organizados tiene registrados aproximadamente a 28,9 millones de empleadas domésticas y del hogar. El Gobierno realizó, en 2024, una encuesta nacional de trabajadoras domésticas, pero los resultados no se han publicado todavía.