El cacao espacial, de Mortadelo y Filemón (1985), comienza con una asamblea de la ONU a la que el líder soviético se dirige “con paso firme y seguro”. El texto contrasta con la imagen del político, medio mareado y al que un asistente mueve las piernas con ayuda de un par de palos. En la viñeta siguiente aparece ya en un ataúd, en referencia a las muertes de Leónidas Brezhnev (1982), Yuri Andropov (1984) y Konstantin Chernenko (1985). Pero nada más lejos de Ibáñez que ser un esbirro a sueldo de la CIA: en la página sigui...

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ente Ronald Reagan aparece colgado de un gancho mientras un señor le da cuerda y una señora (hace 40 años de esto) lo plancha, asegura, por novena vez.

Es verdad que la vejez ha cambiado mucho desde entonces y los 70 son los nuevos 60 o incluso los nuevos 55, pero por entonces se hablaba de gerontocracia en la URSS porque los altos cargos políticos llegaban al poder en la edad de jubilarse: Andropov tenía 68 años cuando fue nombrado Secretario General del Partido Comunista y Chernenko, 72. En Estados Unidos, Reagan alcanzó la presidencia con casi 70. Quién los pillara, igual piensa Trump, que tiene 79.

Y si la edad de estos políticos, avanzada para un gobernante, le servía a Ibáñez de material para unos cuantos chistes, la edad incluso más avanzada de Donald Trump ha servido para que durante los últimos días se haya movido un rumor en el que probablemente nadie creía: la muerte del presidente de Estados Unidos. Esta idea, que no llegaba ni a teoría de la conspiración, se convirtió en una excusa para soltar un humor negrísimo que no se abandonó del todo ni después de que Trump diera una rueda de prensa el martes, cuando muchos admitieron que sí, que estaba vivo, pero fíjate en lo raro que camina.