El incremento de las protestas y sus decibelios en favor de Palestina y contra el equipo Israel Premier-Tech ha exigido que la organización de la Vuelta parara el cronómetro a tres kilómetros de meta para evitar posibles incidentes en la carrera, puesto que los aficionados entraron en refriegas con la policía y trataron de detener el paso de los ciclistas. Una situación nunca vista en el ciclismo que provoca la inseguridad en el pelotón y también en los organizadores de la prueba, que deben velar por todos. Es por ello que invitaron al conjunto a abandonar la competición y pasaron la pelota al tejado de la Unión Ciclista Profesional (UCI).

Las declaraciones de Kiko García, director técnico de la Vuelta, no dejaron lugar a dudas. “Es el momento de que las familias implicadas tomen una decisión. Nosotros, como organizadores, no podemos, pero intentemos entre todos forzar la situación”, resolvió; “solo hay una solución y eso pasa porque el propio equipo de Israel se dé cuenta de que estando aquí no facilita la seguridad de los demás”.

Sucede que hasta el momento el equipo quiere competir y que, en principio, no tendría la potestad para decidir marcharse sin exponerse a una sanción por parte de la carrera y el órgano rector, la UCI. Otra cosa es que no parece que hubiera problema en llegar a una entente y que no habría castigo por parte de nadie, dado que es un escenario nuevo y no se podría considerar un abandono injustificado. Por otro lado, la organización de la carrera no puede expulsarle porque el equipo se lo ha ganado en la carretera al ascender de división, al ser de la élite. Y la expulsión debería ser acorde al reglamento, como ocurrió, por ejemplo, en el Tour de Francia cuando expulsó al Saunier Duval y al Astana (2008) porque se dieron más de dos casos de dopaje en el equipo, por lo que incumplían la norma de la UCI y adquirían la potestad para echarles de la carrera.