En una película se puede imaginar cualquier cosa. Incluso que un ejército híperentrenado y a la vanguardia tecnológica le esté disparando a una niña de seis años. En un mundo mejor, quizás, La voz de Hind, de la tunecina Kaouther ben Hania, presentada hoy miércoles en el concurso del festival de Venecia, pertenecería a la ciencia ficción. Sin embargo, es un drama. Y real. Tanto como las conversaciones telefónicas que Media Luna Roja mantiene con la pequeña palestina para rescatarla: el filme reproduce los audios originales.
29 de enero de 2024, una estación de servicio al norte de Gaza. El coche donde viaja la familia Hamada es acribillado por las tropas israelíes. Solo sobrevive la más joven, la que responde cuando los servicios de socorro logran llamar a un móvil dentro del vehículo. Arranca entonces una accidentada carrera contrarreloj por salvarla y, mientras, mantenerla en línea, tranquilizarla. Dice que ve tanques, que está oscureciendo y tiene miedo. “Venid a recogerme”, suplica una y otra vez. El desenlace ya se conoce. O se puede intuir. Pero sus palabras volvieron hoy, en la Mostra, para apelar a todos. Al final, se escuchó uno de los aplausos más largos que se recuerde en una proyección para prensa. Poco puede un filme, o un festival, contra una masacre asçi. La voz de Hind, al menos, denuncia que está sucediendo. Y lo hace a través del arte cinematográfico. Devastadora la historia, poderosa su adaptación a la pantalla. Memorable, en todos los sentidos.











