Por primera vez en la historia de Brasil, un tribunal civil juzga a mandos militares por un golpe de Estado. Este 2 de Septiembre, el capitán retirado Jair Bolsonaro, tres generales, un almirante de la flota, un teniente coronel y dos civiles empezaron a ser juzgados en la Corte Suprema por cinco delitos: organización criminal armada, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho, intento de golpe de Estado, daños agravados y deterioro del patrimonio protegido. Es casi seguro que serán condenados, dada la abundancia de pruebas, pero el mero hecho de que sean juzgados ya es una enormidad para un país cuya República comenzó con un golpe militar, vivió varios más y finalmente fue devastado por una dictadura militar que duró 21 años (1964-1985), una dictadura que dejó un reguero de cuerpos torturados, muertos y desaparecidos sin que los responsables fueran nunca castigados.

Varias generaciones murieron antes de ver a un militar de alto rango responder por sus crímenes ante la justicia civil. Aunque los desafíos son inmensos, con la extrema derecha cada vez más fuerte, y Brasil sigue siendo un país brutalmente desigual, es necesario dar la debida dimensión a lo que este momento representa. El martes 2 de Septiembre de 2025, la democracia brasileña demostró que ningún criminal, aunque lleve uniforme, aunque tenga cuatro estrellas en el pecho, quedará impune en Brasil.