Cuando nos hacemos una prueba de radiodiagnóstico en el hospital, tanto nosotros como los técnicos nos exponemos a una pequeña cantidad de radiación. Para los trabajadores del hospital ello implica una pequeña, pero constante, exposición diaria que aumenta ligeramente su riesgo a padecer enfermedades graves como el cáncer.
“Son miles de personas las que se exponen diariamente en la mayor parte de los hospitales”, señaló el profesor John Damilakis, importante figura en el campo de la física médica y director del Departamento de Física Médica en la Universidad de Creta, en Grecia. “Por eso es necesario controlar minuciosamente la dosis de radiación que recibe cada persona”.
Los hospitales deben garantizar que los pacientes reciban la mínima radiación necesaria para conseguir imágenes de calidad. Pese a ello, se suelen usar valores promedio para grupos demográficos grandes, por lo que un hombre pequeño y delgado podría recibir la misma dosis que un hombre alto y de mayor peso de una edad similar. Por lo tanto, un paciente se expone a un mayor riesgo que el otro.
Para abordar esta cuestión, Damilakis ha dirigido una iniciativa de investigación financiada por la UE titulada SiNfONiA, en la que se ha utilizado la IA para personalizar la dosis de radiación que debe recibir cada paciente.







