Cuando Millie Bobby Brown anunció la semana pasada que, a sus 21 años, había adoptado una niña, algunos recordaban que en el transcurso de 42 episodios de Stranger Things, a la actriz le había dado tiempo
mas-de-45-animales.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2025-03-22/millie-bobby-brown-la-estrella-del-algoritmo-de-netflix-que-vive-en-una-granja-lejos-de-hollywood-con-mas-de-45-animales.html" data-link-track-dtm="">a superar la adolescencia, mudarse de país, prometerse, casarse, construirse una casa y tener hijos. Y en la ficción, mientras tanto, sigue teniendo 13 años, pese a que en la vida real haya pasado una década. El tiempo corre muy lento en la ciudad de Hawkins. Y la culpa es de la esquizofrénica cadencia de estrenos entre temporadas de series.
No es extraño, por lo tanto, que muchos espectadores se decepcionaran cuando al acabar su cuarta temporada en julio de 2022, vieron que ese todavía no era el final, que tendrían que esperar otros tres largos años para cerrar página. Y el 31 de diciembre sigue lejos.
Los eclécticos tiempos de las plataformas pueden considerarse ya crímenes de lesa humanidad televisivos. No me pidan que siga la trama de Miércoles, si en tres años solo han sido capaces de grabar ocho episodios. Este mismo mes se ha estrenado la cuarta y última temporada de Upload casi sin avisar. Y hasta los más ávidos espectadores nos hemos preguntado: ¿pero esta serie seguía viva? ¿Alguien recordaba en qué quedó esto hace dos años? ¿Quién es esta gente? Igual que pensamos que hay famosos que ya estaban muertos cuando vemos su obituario, no es raro pensar que había series que ya estaban finiquitadas. Si ni sus plataformas confían en ellas ya, ¿para qué hacer el esfuerzo?






