Quizás los Duffer simplemente tuvieron una buena idea, y aprendieron a vivir de las rentas. Al fin y al cabo, así es como nació también su serie, sabiendo sacar provecho del pasado sin mirar hacia adelante

Stranger Things se acerca a su final, poco a poco, lento pero seguro. Netflix ha decidido lanzar en tres tandas la última temporada de la serie que podríamos calificar como el mayor fenómeno de masas de su historia, o al menos el más relevante. Fue el que le ayudó a forjarse una personalidad c...

omo plataforma estrella y la primera gran franquicia de masas y marca omnipresente (desde hamburguesas a Chupa Chups tienen estos días su logo). Todo terminará el próximo 1 de enero, casi 10 años después de estrenarse, con solo 42 episodios en su haber (aunque algunos extralargos). Y aquí lo único que ha cambiado es la altura de sus protagonistas, ahora con una década cotizada.

Terminará, si los cuatro primeros episodios de la temporada nos sirven como guía, tal y como empezó, con el rapto de una niña en otro mundo, referencias a Dragones y mazmorras, una fuerza demoníaca a la que enfrentarse, y militares o científicos con oscuros (y mal definidos) objetivos malignos. Poco ha cambiado en Hawkins en realidad en este tiempo. Y lo que nos queda es una sensación de día de la marmota. Como si los Duffer hubieran querido repetir el mismo patrón de su idea fundacional (que ya adolecía de falta de originalidad en su estreno), como si nunca hubieran sabido qué hacer tras la primera temporada, pese a asegurar que tenían el final ya pensado.