Pasó con las obras de la línea 11 de Metro de Madrid: además de los restos de una colonia falangista construida por presos republicanos, desenterraron huesos humanos, y lo que quedaba del Real Canal del Manzanares. Ocurrió con la reforma de la estación del suburbano en Gran Vía, que sacó de bajo tierra cabezas de león, azulejos y otros vestigios diseñados por el arquitecto Antonio Palacios. Y sucede también ahora con las obras para construir un aparcamiento subterráneo en la calle Arapiles de la capital, situada en el distrito de Chamberí, y por lo tanto en pleno Conjunto Histórico Recinto de la Villa de Madrid, que está reconocido como Bien de Interés Cultural: los trabajos previos han desvelado un osario del siglo XIX, según la Comunidad de Madrid, cuyos primeros huesos, aparentemente, acabaron en una bolsa de plástico. Porque los casi 500 años de capitalidad de Madrid se reflejan en algunos de sus edificios históricos, pero también en los secretos y tesoros que resguarda bajo suelo, a la espera de ser desenterrados.
“Están sacando pequeños restos, pero la obra sigue”, explica Carlos Álvarez, representante de la promotora del aparcamiento. “La licencia conlleva estudios arqueológicos que dependen de la dirección general de patrimonio de la Comunidad de Madrid”, sigue. “Y lo que han encontrado es un pequeño osario, porque esa zona era antes un cementerio”.






