Con los remakes no se sabe qué es peor: si sablear un éxito del pasado calcando situaciones, diálogos, tono y estilo en la puesta en escena, dando a entender tanto el juicio de inmejorable de lo compuesto anteriormente como la inutilidad de la nueva propuesta; o cambiarlo prácticamente todo para fulminar la esencia de aquello que se convirtió en célebre, y arriesgarse a la inevitable comparación. Los Rose pertenece al segundo grupo, y eso que, en esencia, no se trata de una nueva versión de la formidable
ck-dtm=""> La guerra de los Rose, dirigida por Danny DeVito en 1989, sino, según los créditos, de una relectura de la novela de la que partía aquella, publicada por Warren Adler en 1981.
La guerra de los Rose, en versión de DeVito con guion de Michael Leeson, era una comedia negra de poso amargo en la que subyacía una espeluznante visión del matrimonio, de la familia y del divorcio, y una descacharrante utilización de la comedia física, del slapstick como martillo pilón con el que destruir una institución venerable. Los Rose, dirigida por Jay Roach y escrita por Tony McNamara, es una comedia familiar con ínfulas de gamberrismo ligero, en la que el caso del matrimonio en cuestión nunca da la impresión de trascender a la colectividad, ni de mostrar el lado oscuro, complejo y perturbador de innumerables vidas en común con una nueva generación a la que educar.








