Voy a intentar convencerte de que los males de nuestro tiempo (la eclosión de grandes problemas, de la desigualdad al acceso a la vivienda, y de falsas soluciones, con el ascenso de los populistas en los gobiernos y las encuestas) tienen un mismo origen: la hoja de Excel. Lo primero sensato que pensarás es que estoy loco. Lo segundo, que es una historia tan cabal como manida: las fuerzas de la globalización neoliberal que anteponen el recorte de costes al desarrollo de las personas (y que el Excel simbolizaría) han llevado a que la gente abrace a la extrema derecha nacionalista. Pero esta visión tan estilizada ofrece un diagnóstico pobre y una prescripción errónea. Para superar la frustración reinante en nuestras sociedades no hay que escapar de un tipo de política, sino de una filosofía de vida. Debemos derrocar la tiranía del Excel.

Entender la disrupción del orden moderno requiere unas nuevas gafas conceptuales. Los parámetros que todavía usamos son las antiguas categorías de liberalismo versus comunitarismo. Las sociedades oscilarían, como un péndulo, de sistemas que dan mucha libertad a las personas a otros que la limitan en aras de la comunidad. El individuo en un extremo. El colectivo en el otro.