La cantante y actriz Olivia Rodrigo fue descrita hace unas semanas como “la jefa soñada” por uno de los guitarristas que le acompañan en su gira. ¿El motivo? La generosidad de la californiana, que paga la terapia de todo su equipo, dentro y fuera de la gira. Un gesto en consonancia con su discurso sobre salud mental, tema sobre el que se ha pronunciado en diversas ocasiones señalando la importancia de acudir a profesionales cuando sea necesario (su propio padre es terapeuta de familia y ella lleva desde los 16 años acudiendo a terapia). A sus 22 años, Rodrigo es uno de los nombres del momento en la industria de la música y parece empeñada en alejarse de esa imagen de diva inaccesible y jefa tiránica que tanto daño ha hecho a la reputación de muchos artistas (hola, Mariah Carey. Hola, Liam Gallagher).

La forma de relacionarse de la generación Z en el entorno laboral poco o nada tiene que ver con el de las generaciones previas. Para empezar, muchos de ellos no ambicionan alcanzar puestos de poder. Según un informe de la consultora Robert Walters desvelado en septiembre de 2024 y recogido por The Guardian, un 52% de los trabajadores de la gen Z (nacidos entre 1996 y 2010) no quieren ser jefes intermedios. Los datos refieren a Reino Unido, pero el fenómeno se extrapola a otros países, también España.