La OTAN ha dado por bueno que España ha llegado en 2025 al 2% del PIB en gasto militar, un compromiso que asumió en 2014 el Gobierno de Mariano Rajoy y debió alcanzarse el año pasado. En la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid en 2022, Pedro Sánchez se comprometió con el entonces presidente estadounidense, Joe Biden, a llegar finalmente a ese objetivo en 2029, pero su sucesor, Donald Trump, elevó de nuevo el listón hasta el 5%, y el presidente español se plantó en el 2%, aunque aceptó anticiparlo a este mismo año. Para hacer creíble este acelerón —España asegura haber destinado a gasto militar el 1,40% del PIB el año pasado, mientras los últimos datos de la OTAN le atribuían el 1,28%— el Gobierno aprobó en abril pasado un plan nacional para el desarrollo de la tecnología de defensa y seguridad dotado con 10.471 millones que, sumados al presupuesto de defensa, dan un total de 33.123 millones.

La OTAN ha confirmado este plan y asumido que España cumplirá este año el compromiso del 2% del PIB. Le ha dado un aprobado raspado, como el concedido a República Checa, Bélgica, Macedonia y Portugal, que se quedan justo en el límite, ni una décima más ni menos del mínimo exigido. En realidad, la OTAN se ha dado un aprobado a sí misma, al certificar que todos los aliados (salvo Islandia, que carece de Ejército) cumplen ya el objetivo de 2014, paso indispensable para que se pueda alcanzar el 5% en 2035.