Rumbo hacia el oeste, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro por un periplo que bordea la costa, atravesando los barrios de Tijuca y Recreio, un discreto cartel señala la llegada a Sítio Roberto Burle Marx, que exige máxima atención si la geolocalización no funciona. Su modesto tamaño contrasta con la monumentalidad tanto paisajística como cultural que espera al visitante tras la barrera que custodian varios agentes de seguridad; uno para comprobar que su nombre está en la lista (previa reserva

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rto-burle-marx.reservio.com" rel="" data-link-track-dtm="">en esta web) de la próxima visita, y otro para abonar el pago en efectivo de los 10 reales brasileños (1,57 euros al cambio actual) que cuesta acceder al recinto.

Una vez formalizadas las gestiones, la discreción desaparece para dar paso a un recorrido guiado por la huella abismal de lo que la naturaleza puede llegar a ser. Una finca con alrededor de 400.000 metros cuadrados que contiene una de las colecciones de plantas tropicales más importantes de la actualidad, con 3.500 especies nativas y exóticas en su haber. Nombrado en mayo de este año por The New York Times como uno de los jardines más extraordinarios del mundo, su grandeza hasta hace poco desconocida para el público es una metáfora de la propia vida de su creador, el paisajista y artista brasileño Roberto Burle Marx.