El homenaje a Lula en Río es la primera estación de un viaje que busca un Congreso brasileño que salve el planeta y no lo destruya

Nada expone los conflictos con más verdad que el carnaval en Brasil. Tanto en la transgresión, la esencia de la fiesta, como en los persistentes intentos de reducirla a mercado, lucro, apropiación, explotación, espectáculo. Así, ha sido en el Sambódromo de Río de Janeiro donde se ha visto la primera ruidosa muestra de lo que se avecina en las elecciones de 2026.

ck-dtm="">El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ya ha confirmado su candidatura, fue el tema de la escuela de samba Acadêmicos de Niterói, que contó la trayectoria del niño pobre del árido sertón del nordeste que se convirtió en líder sindical en el estado de São Paulo (y luego en presidente de Brasil). Hace semanas que la extrema derecha acusa a Lula y a la escuela de hacer “propaganda electoral anticipada” y las críticas y las denuncias en el sistema de justicia electoral han inundado las redes sociales y los grupos bolsonaristas estos días. En una de las secciones del desfile, una carroza con el payaso Bozo vestido de preso hacía una sátira explícita al expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, encarcelado, entre otros delitos, por golpe de Estado.