Ocurre de un tiempo a esta parte que agosto se ha convertido en el mes más fascinante de la temporada: todo puede ocurrir y nada resulta del todo determinante. Salvando las distancias, es como jugar a la guerra con pintura o tomarse muy en serio los ensayos de boda. Nadie ha ganado jamás una liga en agosto, pero los rumores tienen esa capacidad morbosa de provocar casi las mismas reacciones que un gran título o una derrota histórica. Brotan desde lugares misteriosos, se entrelazan con nuestras obligaciones diarias y al caer la noche, que es la hora de los monstruos, nos descubrimos angustiados tratando de robar algún ansiolítico a cualquier ser querido que los acumule,

s.com/deportes/futbol/2025-04-08/fermin-le-gana-el-pulso-a-gavi-el-ojito-derecho-de-hansi-flick.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/futbol/2025-04-08/fermin-le-gana-el-pulso-a-gavi-el-ojito-derecho-de-hansi-flick.html" data-link-track-dtm="">pues la posibilidad de que Fermín se vaya al Chelsea nos impide conciliar el sueño.

Suponiendo que el rumor lleve algo de agua, la operación se resumiría en dos brochazos que no ofrecen demasiada discusión: uno de los emblemas de la reconstrucción del Barça habría sido puesto en el escaparate porque la salud económica del club exige vitamina de cariño, como en la canción, y porque su posición sobre el campo parece ofrecer bastantes garantías de recambio. Lo de menos, en momentos así, es la literatura. Y aunque la historia de Fermín resulta fascinante (el chico que apenas jugaba en categorías inferiores por bajito, que emigró al Linares y regresó fortalecido para derrumbar las puertas del primer equipo a zapatazos), la triste realidad de nuestro fútbol es que ni tan siquiera el actual campeón es quien para hacer oídos sordos a los cantos de máquina registradora que llegan desde Inglaterra.