SpaceX ha logrado darse un respiro, después de tres pruebas consecutivas en las que su nave estrella explotó en pleno vuelo y de perder un vehículo más,

-enorme-bola-de-fuego.html" data-link-track-dtm="">durante los ensayos previos a su lanzamiento. Este miércoles, el décimo vuelo de prueba del megacohete Starship lo ha devuelto, aproximadamente, a la casilla en la que estaba en junio de 2024, cuando por primera vez logró que tanto el propulsor Super Heavy como la nave superior Ship completaran su vuelo suborbital y regresaran a la Tierra sin explotar: amerizaron suavemente sobre los océanos Atlántico e Índico, respectivamente, tras haber despegado de la base espacial de la compañía espacial de Elon Musk en la costa de Texas (EE UU). En el lanzamiento, las dos partes de Starship forman juntas un imponente conjunto de 121 metros de altura, que equivale a un edificio de 30 pisos.

Ese logro no es poca cosa. Starship no solo es la nave más alta y potente de la historia de la carrera espacial, sino también la primera lanzadera de clase orbital que ha logrado posar su etapa superior —la nave en sí— de vuelta en la Tierra en posición vertical y de una manera controlada, con sus propios motores. Eso sí, ese gran hito para un vehículo espacial orbital tiene un importante pero: la nave todavía no ha logrado alcanzar la órbita terrestre. Y eso es imprescindible para que Starship consiga sus dos metas más ambiciosas, que son cumplir la promesa de Musk de volar a Marte en 2026 y lograr posar astronautas de la NASA en la Luna en 2027, culminando el regreso de humanos al satélite terrestre 55 años después de la última misión Apolo.