El crecimiento de las economías avanzadas recuperó algo de pulso en el segundo trimestre. Entre abril y junio, el PIB del conjunto de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) escaló un 0,4%, según estimaciones provisionales publicadas por el organismo este miércoles. Esta cifra se asemeja mucho más al ritmo de expansión sostenido durante el año pasado —que encadenó tres subidas consecutivas de medio punto—, que a la floja lectura de comienzos de 2025 (0,2%). En una tónica similar, la actividad en los países del G-7 se aceleró del 0,1% apuntado hasta marzo hasta situarse en 0,4%. Esto lleva al club de las economías más ricas a anunciar un “retorno a las tasas de crecimiento relativamente estable”. Pero a la vez avisa de que detrás de esta mejora se esconden divergencias entre los miembros: la contribución de cada país se ve condicionada por la guerra arancelaria impulsada por la administración Trump.

Estados Unidos, cuya economía representa por sí misma más de un tercio de toda la OCDE, tuvo gran protagonismo en la aportación al crecimiento del conjunto de países. Su PIB creció en el segundo trimestre un 0,7%, tras una contracción del 0,1% en el primer trimestre. La organización atribuye el movimiento en gran medida a la fuerte caída del 10,3% en las importaciones de bienes por parte de EE UU entre abril y junio, tras un aumento del 11% en el trimestre previo, “probablemente influenciada por los cambios previstos en los aranceles comerciales”, apunta. Es decir, que las compras adelantadas por muchas empresas estadounidenses para evitar las tarifas posteriores deterioraron su resultado a principio de años y provocaron luego un rebote económico entre abril y junio.