Si alguna vez te has despertado en medio de la noche preguntándote si ese olor a humo viene de la calle o de tu cocina, ya sabes el susto que te puedes llevar por no contar con los detectores adecuados. Hay ciertas cosas que, por no ser pesimistas o por creer que nunca acaba pasando nada, dejamos pasar, y de repente, un día cualquiera, pasa. Y no hace falta vivir en una película de catástrofes para que un descuido en la cocina o un cortocircuito provoque un susto que se acabe convirtiendo en tragedia. La buena noticia es que evitarlo es posible y muy accesible para cualquier bolsillo.

Aunque sus precios cada vez son más bajos, todavía hay casas donde ni siquiera se han planteado instalar un detector de humos. Y ya sea porque te has dejado velas aromáticas encendidas, porque tu televisión sufra un cortocircuito o porque el cable de tu cargador está pelado y se le caiga agua encima, lo cierto es que, con las medidas adecuadas, podemos evitar que este tipo de cosas vayan a mayores.

Este detector de humo con sensor fotoeléctrico cuesta menos de 10 euros, se instala en cinco minutos y puede ser la diferencia entre un pequeño susto y uno demasiado grande.

No todos los detectores de humo funcionan igual. El sensor fotoeléctrico, también llamado óptico, está diseñado para detectar con rapidez el humo y evitar las falsas alarmas. Esto significa que no va a sonar solo porque abriste el horno de golpe, pero sí te va a avisar si algo empieza a ir mal en serio. Cada uno de estos detectores de humo puede cubrir hasta 40 metros cuadrados. Lo mejor es que, en caso de que se esté generando una situación en la que un incendio real esté a punto de suceder, se activa una alarma sonora de 85 dB, suficiente para oírla desde otra habitación, incluso si estás durmiendo. Además, cuenta con un botón de prueba para comprobar que funciona correctamente, una función de silencio para evitar que salte la alarma cuando lo tengas todo bajo control y un indicador de batería baja para cambiar la pila y evitar que el detector deje de funcionar.