A principios de 2021, Payton Gendron tenía 18 años, se hizo una pregunta y la dejó por escrito en una red social de videojuegos: “¿No debería doler mucho que me disparen si llevo un chaleco antibalas puesto, verdad?” Miles de mensajes después, manifestó sus intenciones sin rodeos: “Es hora de dejar de publicar mierdas y hacer un esfuerzo real. Voy a realizar un ataque”. A las pocas horas, Gendron tomó el rifle semiautomático que había comprado legalmente por 960 dólares en una tienda a pocos kilómetros de su casa, se acercó a un supermercado y abrió fuego. Mató a diez personas. Y transmitió la masacre en directo por su cuenta de Twitch.
El caso de Gendron, que tuvo eco mundial en mayo de 2022, es apenas la punta del iceberg de un fenómeno cada vez más común en internet. Las plataformas asociadas al mundo de los videojuegos —como Discord, Twitch y Steam— se han convertido en espacios donde grupos extremistas difunden libremente sus ideologías, reclutan y radicalizan a jóvenes jugadores. En el más dramático de los casos, esta red de captación puede terminar en actos violentos en el mundo real, como el ataque terrorista de Gendron en 2022; o el atentado a una sinagoga en Alemania en 2012, que también fue emitido en directo; o el asalto al capitolio en 2021 que se retransmitió por la plataforma DLive. Un estudio hecho en Estados Unidos encontró que entre 2010 y 2020 el uso de internet como canal principal de radicalización en jóvenes menores de 30 años aumentó un 413%.







