El cuerpo frágil de Sumaya al Kafarna, de 35 años, sentada frente a su precaria tienda de campaña en Ciudad de Gaza, encarna el hambre que consume al territorio palestino desde hace meses. Esta madre de cinco hijos ha perdido más de la mitad de su peso —ha pasado de 75 a 35 kilos— mientras batalla contra un cáncer de mama, sin acceso a tratamiento y después de haberse sido forzada a desplazarse más de 20 veces desde el inicio de la ofensiva israelí, hace casi dos años. “Siento dolor día y noche”, dice con una voz que es apenas un susurro. “Con el hambre y los desplazamientos, mi sufrimiento se ha duplicado. Cuidar a mis hijos es como cargar montañas”.

La toma israelí de Ciudad de Gaza, que el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha anunciado como inminente, les obligará a huir una vez más. “Estamos esperando nuestra muerte. Nos piden que nos vayamos, ¿cómo?, ¿a dónde? No podemos caminar hacia el centro ni al oeste de Gaza y no podemos pagar un transporte", dice esta mujer, recalcando que en la Franja apenas hay ya lugares medianamente seguros para instalar una tienda y los medios de transporte son muy escasos e impagables. “Nos quedaremos aquí hasta que caigan las bombas”, zanja.

Sumaya asegura que las noticias sobre la invasión y ocupación de Ciudad de Gaza la han agotado mentalmente más que el hambre. “Tuve una crisis nerviosa cuando escuché las noticias. Pensé en cómo huiría mientras estaba hambrienta, enferma, incapaz de caminar y sin un lugar adonde ir”.