La utilización de la técnica de fracturación hidráulica (fracking) iniciada en Estados Unidos hacia 2008 ha proporcionado unas espectaculares cifras de extracción de gas natural y, todavía mayores, de crudos de pe-tróleo, pero en este artículo sólo nos ocupamos del primero de esos combustibles. Desde aquella fecha hasta 2024, la producción de gas natural aumentó de 550 mil millones de metros cúbicos a más de un billón, logrando que el secular déficit comercial de Estados Unidos desapareciese en 2014 y desde entonces se generase un excedente que ha ido creciendo hasta 206 mil millones en 2024.
Una parte de ese excedente podía ser absorbido con un aumento de la exportación a los dos países vecinos a través de tuberías, de modo que las ventas a México y sobre todo a Canadá ―con quien mantiene un notable intercambio gasífero― se fueron elevando hasta 90 mil millones en 2024. Pero el grueso del excedente estaba obligado a encontrar nuevos mercados. Con ese fin, en las zonas costeras de Luisiana y Texas se aceleró la instalación de plantas de licuefacción para convertir combustible gaseoso en gas licuado (GNL), transportable en barcos metaneros a grandes distancias. El hándicap era que el precio del GNL resultaba bastante más alto que el transportado por tuberías, ya que debía incorporar el doble coste de la licuefacción y la posterior regasificación en el lugar de destino, además de los fletes marítimos.








