Ser la última gran prueba de las tres mastodónticas que salpican el calendario le otorga a la Vuelta un punto de locura del que carecen el Giro y el Tour, donde todo está planificado al dedillo, estructuras a la orden de los jefes de fila, sigamos el plan. Sucede que en la Vuelta, donde muchos se descabalgan antes de tiempo, mellados por el curso o por una caída, o incluso porque ya han cumplido con su parte y ent...

ienden que el asueto es merecido, los deberes se tornan en exigencias para aquellos equipos y corredores que todavía no han dicho la suya. Llega entonces una pedalada de más, un sprint de orgullo, un ataque virulento y sorprendente, un que nadie se olvide de mí, que por algo los contratos del siguiente curso están a la vuelta de la esquina. Se da, pues, lo inesperado. Quizá desesperado. No es, sin embargo, el estilo de Jonas Vingegaard (Hillersley, Dinamarca; 28 años), que liderará al Visma y que es el gran favorito del certamen que arranca mañana. El doble ganador del Tour (2022 y 2023) llega con exigencias tras no poder con Pogacar en la última Grand Boucle (fue segundo) y también tiene en este certamen asignaturas pendientes, gregario del campeón Roglic en 2020 y segundo en 2023 tras Kuss porque las órdenes de equipo le hicieron levantar el pie porque ese laurel sería para el mejor de los compañeros, que ya le tocaba una alegría.