Roberto Morales |

Madrid (EFE).- Un solitario tanto, de penalti, inventado y ejecutado por Kylian Mbappé a los 51 minutos, salvó el estreno del nuevo Real Madrid, aún corto de rodaje, dominador sin pegada, mejorado en fase defensiva ante un Osasuna que estuvo cómodo con línea de cinco y cuando estiró, acabó desperdiciando su única ocasión para amargar la puesta de largo de Xabi Alonso.

Dejó frío al madridismo el arranque de una nueva era pese al liderazgo de Mbappé. Un Real Madrid tan trabajado tácticamente como falto de ideas ante una defensa de cinco de Osasuna en el primer acto. Sin llegar a desatarse cuando pudo en el segundo. Dominador, instalado en campo rival, con todos comprometidos en el esfuerzo defensivo pero sin movilidad al espacio, carente de velocidad en la zona clave del campo donde se deciden los partidos.

La mano de Xabi Alonso se apreció en la mejoría táctica en el balance defensivo. El lugar donde el Real Madrid recupera el balón ahora, en campo contrario, o el repliegue veloz para anular cualquier intento del rival. Osasuna optó por defender y desear el rápido paso del tiempo. Cuanto menos ocurriese mejor para el equipo de Alessio Lisci que logró rebajar el sufrimiento tapando la generación de juego de Arda Güler, obligando a su rival a buscar las bandas para lanzar centros en los que sus defensas tenían ventaja.