Lo que iba a ser una agradable velada al aire libre viendo Barbie ha acabado en una polémica política en Francia. Empezó el viernes 8 de agosto en Noisy-le-Sec, un municipio a unos ocho kilómetros al noroeste de París, en el departamento de Seine Saint Denis. La película de Greta Gerwig iba a proyectarse dentro de la programación “Cine bajo las estrellas”, destinada a ofrecer actividades estivales a los vecinos del barrio. Los técnicos municipales estaban instalando la pantalla gigante cuando un grupo de jóvenes les amenazó con impedir la proyección y destrozar el material, bajo el argumento de que la película “denigra la integridad de la mujer y promueve la homosexualidad” y de que no es apta para los menores.

El alcalde, Olivier Sarrabeyrouse, del Partido Comunista, decidió cancelar la sesión “por las amenazas insistentes, y para no poner en peligro la seguridad de los agentes y del público”. El jueves de la semana pasada presentó una denuncia por amenazas e intimidación y se ha abierto una investigación para identificar a los autores y esclarecer un asunto que ha provocado airadas reacciones en toda la clase política, al reabrir el debate sobre la laicidad, un pilar del Estado francés, que busca preservar el espacio público de cualquier manifestación religiosa.